Los días pasan, y el duelo sigue, la tristeza por momentos se incrementa y otras es más llevadera.
Hoy escuché una canción de Tito Nieves, www.youtube.com/watch?v=GhciBgYbA74 Fabricando fantasías, como pega esa canción al corazón al momento que estoy viviendo; para comprenderme tendrían que vivir lo que me está pasando, porque desde el otro lado es fácil dar consejos, reprender e insistir en que "el dolor es natural pero el sufrimiento es opcional".
Quien no ha perdido un ser amado, no podrá comprender todo el dolor y tristeza que se encierra, no podrá comprender que se ama y se extrañas más fuerte que cuando se está vivo; será difícil expresar la impotencia que se siente y todo el resentimiento que se engloba en un solo ser.
Se busca a esa persona en todas partes, se aferra a sueños a ilusiones, incluso a la esperanza de que Dios haga el milagro de devolverle la vida; que todo sea una pesadilla. Dios ya no oye, como tampoco oyen aquellos que te dijeron no estás sola, puede contar conmigo, puedes llamarme y contarme todo lo que quieras de él.
El duelo, duele, duele en el alma, duele en el corazón, duele en todo aquello que te trae recuerdo, porque podrás quemar, ropa, regalos, objetos, cartas, etc.; pero siempre, siempre habrá algo que te lo recuerde.
Cómo me siento, me siento vacía, triste, sola, y lo sigo buscando, y lo sigo amando y sigo pidiéndole a Dios el milagro de que él regrese, de que me permita termina mi vida con él, que no solo se queden en recuerdos, sueños y promesas.
Y creo que la vida es lo más injusta, que me duele su ausencia, me duele extrañarlo sabiendo que el murió y que nunca lo volveré a ver.
Que me lastima que me digan que está con Dios, que me aferre a una religión para aceptar que él murió, y cómo se acepta que todo se fue, que él ya no está y que yo estoy sola.
Lo extraño, y lo quiero junto a mi.
miércoles, 19 de agosto de 2015
lunes, 17 de agosto de 2015
Perder a un ser amado...Duelo de Almas
Defínese el duelo como el proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier pérdida ( pérdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.) ...
Pero no es una cátedra acerca del duelo la que escribiré, y mucho menos como superarlo; no, no es esa mi intención y aunque fuera sería imposible ya que no soy experta en el tema.
Si hablaré del duelo, pero de mi duelo, de lo que sentí, de lo que siento y de cómo voy sobreviviendo.
Desde el primer día que me enteré que él había muerto hasta la fecha he transitado por un sin número de emociones, algunos días más difíciles que otros, días en los que creí que ya todo había pasado y me sentí culpable, porque es difícil entender lo que se siente y se piensa.
Hoy por ejemplo me siento tranquila, lloré toda la noche y ahora estoy de lo más tranquila.
Que he aprendido, que tenían razón las etapas no se dan en el orden que se dice, se intercalan y a veces cuando creemos que ya se ha superado, zas nos da un nuevo golpe.
Que no hice desde ese día, contactar amigos de él, familiares con la única esperanza de que me dijeran que todo era mentira, que él aún seguía vivo. Y amablemente me sacaban de mi error y se ofrecían de manera incondicional a apoyarme y a estar disponible cuando lo necesitara para hablar de él.
Pero cada día que yo buscaba hablar de él, llorar, tener un hombro adónde llorar, se me cerraban las puertas, se me acusó de no dejarlo ir, de robarle su energía, de ser egoísta porque él ya estaba con Dios, era una alma, un espíritu liberado que debía transitar a una nueva vida.
Leí tantos artículos, busqué ayuda en iglesias, psicología en línea, alguien que se tomara el tiempo de escucharme no juzgarme, no acusarme señalándome de cruel, de llamar la desgracia y de hacer que el dolor se transformara en sufrimiento.
Se me dijo que alguien había perdido un hijo, y que ese dolor era lo peor porque lo habían llevado nueve meses en el vientre, si es cierto, yo no voy a comparar el dolor de la pérdida de un hijo con la pérdida de mi amado; pero de que me dolía y aún me duele es cierto y son dolores diferentes.
¿Qué si me enojé con Dios?, si, y aún le pregunto por qué me lastimó así, y que si tanto era su deseo de lastimarme a mí, pues por que no enviarme la muerte a mi y no a él. Y cuando me decían debes aceptar la voluntad de Dios, sentía como que una lanza punzante y caliente me atravesaba el corazón, porque y que otra me quedaba, la muerte no tiene retroceso, y Dios no hace ese tipo de milagros.
¿Y si estoy enojada con él?, si lo estoy, y conmigo también, con él por haberse muerto y haberme dejado, conmigo por haberme quedado sola.
El duelo, se supera cuando se tiene que superar, no hay recetas mágicas, ni tiempo, ni consejos que ayuden, el duelo nos pertenece a nosotros mismos, a nuestras almas, y es la peor batalla que se da con uno mismo entre lo real y lo que se desea.
Que le pido a Dios cada día, que todo sea una pesadilla y que él siga vivo...
Pero no es una cátedra acerca del duelo la que escribiré, y mucho menos como superarlo; no, no es esa mi intención y aunque fuera sería imposible ya que no soy experta en el tema.
Si hablaré del duelo, pero de mi duelo, de lo que sentí, de lo que siento y de cómo voy sobreviviendo.
Desde el primer día que me enteré que él había muerto hasta la fecha he transitado por un sin número de emociones, algunos días más difíciles que otros, días en los que creí que ya todo había pasado y me sentí culpable, porque es difícil entender lo que se siente y se piensa.
Hoy por ejemplo me siento tranquila, lloré toda la noche y ahora estoy de lo más tranquila.
Que he aprendido, que tenían razón las etapas no se dan en el orden que se dice, se intercalan y a veces cuando creemos que ya se ha superado, zas nos da un nuevo golpe.
Que no hice desde ese día, contactar amigos de él, familiares con la única esperanza de que me dijeran que todo era mentira, que él aún seguía vivo. Y amablemente me sacaban de mi error y se ofrecían de manera incondicional a apoyarme y a estar disponible cuando lo necesitara para hablar de él.
Pero cada día que yo buscaba hablar de él, llorar, tener un hombro adónde llorar, se me cerraban las puertas, se me acusó de no dejarlo ir, de robarle su energía, de ser egoísta porque él ya estaba con Dios, era una alma, un espíritu liberado que debía transitar a una nueva vida.
Leí tantos artículos, busqué ayuda en iglesias, psicología en línea, alguien que se tomara el tiempo de escucharme no juzgarme, no acusarme señalándome de cruel, de llamar la desgracia y de hacer que el dolor se transformara en sufrimiento.
Se me dijo que alguien había perdido un hijo, y que ese dolor era lo peor porque lo habían llevado nueve meses en el vientre, si es cierto, yo no voy a comparar el dolor de la pérdida de un hijo con la pérdida de mi amado; pero de que me dolía y aún me duele es cierto y son dolores diferentes.
¿Qué si me enojé con Dios?, si, y aún le pregunto por qué me lastimó así, y que si tanto era su deseo de lastimarme a mí, pues por que no enviarme la muerte a mi y no a él. Y cuando me decían debes aceptar la voluntad de Dios, sentía como que una lanza punzante y caliente me atravesaba el corazón, porque y que otra me quedaba, la muerte no tiene retroceso, y Dios no hace ese tipo de milagros.
¿Y si estoy enojada con él?, si lo estoy, y conmigo también, con él por haberse muerto y haberme dejado, conmigo por haberme quedado sola.
El duelo, se supera cuando se tiene que superar, no hay recetas mágicas, ni tiempo, ni consejos que ayuden, el duelo nos pertenece a nosotros mismos, a nuestras almas, y es la peor batalla que se da con uno mismo entre lo real y lo que se desea.
Que le pido a Dios cada día, que todo sea una pesadilla y que él siga vivo...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)